Empieza por la tarea
del visitante.
Los visitantes no vienen por un organigrama o una larga introducción. Quieren saber si entiendes su problema, qué solución encaja y qué pueden hacer después.
Cada página importante debe ofrecer una ruta clara: del reconocimiento a la prueba, de la explicación a la elección y del interés al contacto.
La mejor web parece sencilla porque detrás existe una reflexión cuidadosa.
Haz que la web
sea activa.
Calculadoras, análisis, configuradores y asistentes de IA pueden aportar valor directo. El visitante recibe una respuesta adecuada y la organización una consulta mejor cualificada.
La medición muestra qué preguntas quedan pendientes y dónde abandonan las personas. La web se convierte en un sistema que aprende, no en un proyecto puntual.